Un 17 de febrero de 1888 asumía el sanfrancisqueño Mauricio Orellano como gobernador de San Luis. Su gestión se destacó por la estabilidad financiera, la apertura de caminos y la creación de instituciones clave para la provincia.
Hace 137 años, un sanluiseño nacido en San Francisco del Monte de Oro llegaba al máximo cargo provincial: Mauricio Orellano asumía como gobernador de San Luis el 17 de febrero de 1888. Su mandato, que se extendió hasta el 7 de mayo de 1891, dejó huellas imborrables en la historia puntana.
Orellano, hacendado, administrador y político, fue el 54° gobernador de la provincia. Durante su gestión, logró sanear las finanzas públicas, promoviendo una administración eficiente que permitió cerrar los ejercicios económicos con superávit, algo poco habitual en la época. Su visión progresista se tradujo en la fundación de nuevos pueblos, la creación de caminos y la sanción de leyes fundamentales para la organización institucional y económica de San Luis.
Entre sus logros más destacados se encuentran la fundación del Banco de San Luis en 1889, la implementación del Código Rural y del Código de Policía Urbana y Rural, y la promulgación de la Ley de Matrimonio Civil. Además, impulsó obras clave como el desarrollo de canales de irrigación en Villa Mercedes, Santa Rosa del Conlara, Renca y Merlo, y la construcción de un canal que unió el Dique de Potrero de los Funes con Juana Koslay.
El gobernador también apostó por la modernización de la infraestructura provincial, promoviendo la construcción y explotación de ferrocarriles y tranvías en San Luis y Villa Mercedes, así como el alumbrado eléctrico y la pavimentación de calles en la capital.
En el ámbito educativo y social, creó una escuela dominical para mujeres en 1889 y sancionó leyes para la organización de los juzgados, la reglamentación de títulos de abogados y escribanos, y la instrucción primaria. Además, su gestión permitió la expropiación de tierras para la fundación del pueblo de Renca y la finalización de la Catedral de San Luis.
A pesar de los desafíos políticos de su época, incluyendo la crisis nacional de 1890, Orellano dejó un legado de estabilidad y progreso. Su figura es recordada como la de un gobernador que apostó por el crecimiento y el orden financiero. En reconocimiento a su trayectoria, la escuela N° 206 de La Bajada, en el departamento Coronel Pringles, lleva su nombre.
















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