El equipo de Quines eliminó a Colocasi por penales en San Francisco del Monte de Oro y se metió en la final de la Liga del Norte Puntano. Un grupo de pibes, salido del barrio, sigue escribiendo una historia inolvidable.
Matadero Viejo es finalista. Y no es una frase más: es una de esas que se gritan, que se lloran, que se recuerdan toda la vida.
En San Francisco del Monte de Oro, ante Colocasi y en un clima cargado de tensión, el equipo de Quines escribió una página inolvidable. Perdió 1 a 0 en los 90 minutos, pero en los penales fue perfecto, implacable, valiente: 6 a 5 para meterse en la gran final del torneo.
El dato es tan increíble como real: Colocasi se va del campeonato sin haber perdido un solo partido en la cancha. En Quines había ganado 1 a 0, pero una mala inclusión de un jugador derivó en el fallo del Tribunal de Penas, que dio por ganado ese encuentro a Matadero Viejo por 1 a 0. En la revancha, el Carnicero volvió a caer 1 a 0 en el tiempo regular, pero el destino tenía guardada otra historia.
Y ahí apareció el alma del Matadero.
La definición, penal por penal
Facundo Gatica abrió la serie para el Matadero: fuerte, arriba, a la izquierda. Gol.
Diego Vila empató para Colocasi, cruzado y abajo, lejos de Romero.
Zárate puso el segundo del Matadero, alto, imposible.
Willy Flores respondió con seguridad para Colocasi, el arquero adivinó, pero no llegó.
Maicol Mercado, con temple, la colocó a la izquierda.
Ayrton Guinizú, que había entrado sólo para patear, no falló.
Jeremías Gatica, otro pibe, aseguró el cuarto del Matadero.
Maxi Vila mantuvo con vida a Colocasi, bien cruzado.
Nicolás Gatica, con una frialdad admirable, dejó parado al arquero.
Gabriel Alaniz clavó el suyo al ángulo y estiró la definición.
Mateo Zárate tomó el sexto del Matadero: arriba, cruzado, perfecto.
Y en el sexto de Colocasi llegó el desenlace: Domínguez la colgó por encima del travesaño.
Ahí se terminó todo. Ahí empezó la locura.
Un equipo de pibes, un coraje bárbaro
Matadero Viejo dejó afuera al que fue, probablemente, el mejor equipo del torneo, y lo hizo en su casa. Con un plantel joven, con hambre, con corazón. Con una identidad que no se negocia.
Lloraba la gente del Matadero en la tribuna. Lloraban los pibes en la cancha. Lloraba una buena parte de Quines. Porque este equipo representa mucho más que fútbol: representa a una barriada humilde que hoy se permite soñar.
Ahora, en la final, espera Estrella Roja de Candelaria.
El milagro está a un paso.
La historia también.
Y pase lo que pase, ya quedó claro algo:
Matadero Viejo, nomás.















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