Este 9 de febrero se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento del “Apóstol del Norte”. Tres décadas después, su huella como pastor, docente y guía espiritual sigue intacta en el corazón de los vecinos y en las instituciones que hoy llevan su nombre.
El calendario marcó una vez más una fecha cargada de nostalgia y gratitud para el norte de San Luis. Este lunes se cumplieron 33 años desde aquel 9 de febrero de 1993, cuando el pueblo despidió físicamente al Padre Luis Zupancic, una figura cuya labor trascendió los límites del altar para convertirse en un pilar fundamental de la historia social y educativa de la región.
Cuatro décadas de entrega absoluta
Zupancic no fue solo un párroco; fue un vecino que caminó las calles y los parajes más alejados durante 40 años (1952-1992). Su misión no se detuvo en el centro de San Francisco: su figura era habitual en Balde de Puertas, Pozo del Tala, Villa General Roca, Toro Negro, Nogolí, Estancia Amieva, Siempre Viva y Leandro N. Alem.
A su labor pastoral se sumó su vocación docente, formando a generaciones de jóvenes como profesor de Filosofía y Psicología en la Escuela Normal Superior Sarmiento por casi tres décadas. Tal fue su rectitud y entrega que, en 1979, el Papa Juan Pablo II lo distinguió con el título de Capellán de Su Santidad.
El recuerdo de un adiós multitudinario
A 33 años de su fallecimiento, el pueblo aún recuerda con pesar el trágico accidente automovilístico ocurrido en Córdoba, que terminó segando su vida dos días después a causa de un ACV, pese a haber sido dado de alta inicialmente.
Su sepelio fue, quizás, uno de los más masivos que recuerde el norte puntano. Sus restos, tras ser velados en la Iglesia Sagrada Familia, fueron llevados a pulso por los vecinos hasta el cementerio local en una muestra de afecto sin precedentes. Desde 1996, el Padre Luis descansa en el templo que fue su casa, la Iglesia Sagrada Familia, lugar de peregrinación para quienes aún hoy le piden su intercesión.
Un nombre que es identidad
Hoy, el legado de Zupancic se respira en cada rincón de San Francisco. No es solo un recuerdo en una placa; es el nombre de un barrio, de una calle y de un club de fútbol, símbolos de una comunidad que se niega a olvidar a quien el Profesor Mario Z. Camargo define como un “bondadoso pastor comprometido con su misión”.
A más de tres décadas de su partida, la figura del Padre Luis sigue uniendo a San Francisco en una oración común de agradecimiento por su humildad, su abnegación y su amor incondicional a la tierra puntana.





















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