Desde el Norte Puntano hasta la costa atlántica, una historia de alas heridas, manos solidarias y una segunda oportunidad
El pichón de cóndor andino rescatado hace algunos días de las aguas heladas del dique en Luján se encuentra actualmente recuperándose en el Centro de Recuperación de Especies (CRET) de Fundación Temaikén, en Buenos Aires. Si la rehabilitación avanza con éxito, será liberado en sierra Pailemán, provincia de Río Negro, donde compartirá vuelo con otros cóndores juveniles bajo el monitoreo del Programa de Conservación del Cóndor Andino (PCCA).
La historia comenzó en nuestra tierra, en un rincón natural del Norte Puntano. Aquel sábado helado, la vecina Lorena Godoy divisó al joven cóndor inmóvil sobre unas rocas, sin poder emprender vuelo. Un rato después, otro vecino, el guía baqueano Ignacio Segre, protagonizó un dramático rescate en kayak a 1.500 metros de la orilla, mientras el ave luchaba por su vida tras haber caído al agua.
El animal fue recibido por el guardaparque Samuel Olivieri, quien lo trasladó a un lugar cálido para que secara sus plumas, una acción vital para su supervivencia. Luego, el equipo del Área Natural Protegida Quebrada de Las Higueritas intentó devolverlo a la naturaleza, pero el ave no logró remontar vuelo. Se tiró al piso, como entregándose. Era evidente: necesitaba ayuda.
El ejemplar fue trasladado al Centro de Conservación de Vida Silvestre de La Florida y, luego, en una operación conjunta entre la Secretaría de Ambiente provincial y el PCCA, fue enviado por vía aérea a Temaikén.
“Durante su estadía en el Centro de Conservación, se mantuvo aislado en la clínica. Fue alimentado sin contacto visual con personas, para evitar que se impronte. No puede saber que somos nosotros quienes lo alimentamos, porque si se humaniza, no podrá sobrevivir en la naturaleza”, explicó la veterinaria Andrea Gangone.
La pequeña hembra, de apenas seis meses de vida, no volverá a San Luis. Su destino final será sierra Pailemán, donde el PCCA cuenta con un innovador sistema de liberación para cóndores juveniles sin experiencia de vuelo. Allí, en una plataforma especial construida sobre el filo de la sierra, los pichones se aclimatan durante meses antes de emprender el vuelo definitivo.
“Los cóndores aprenden a volar junto a sus padres, no solos. Este ejemplar es muy pequeño y todavía tiene plumones. En Pailemán podrá vincularse con otros juveniles, formar bandada, practicar el vuelo y recuperar instintos que perdió al separarse tan pronto de sus padres”, explicó Daniela Rodríguez, bióloga del Ecoparque de Buenos Aires.
El objetivo no es solo volar, sino aprender a vivir en libertad como bandada. En ese rincón de la costa atlántica, otros cóndores rehabilitados ya han formado parejas y han criado pichones. Es un regreso ancestral: desde el Norte Puntano, hacia el sur y el mar.
Esta historia comenzó en Luján, pero se extiende a través de cientos de kilómetros y corazones. Vecinos, guardaparques, baqueanos, veterinarios, autoridades provinciales y organizaciones ambientales formaron un entramado de solidaridad para salvar una vida alada. Como plumas de un mismo cóndor, se unieron para que esta hembrita tenga una segunda oportunidad.
Con viento a favor, si supera las pruebas y el proceso de adaptación, la pequeña podrá desplegar sus alas y volar hacia la libertad. Se irá lejos de nuestra provincia, sí, pero llevará consigo la historia de un pueblo que la cuidó como a uno de los suyos.


















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