El 2 de noviembre de 2011, un tren de cargas embistió a un micro escolar en Zanjitas, dejando ocho víctimas fatales, entre ellas la joven docente quinense Jésica Brancal. A catorce años del hecho que enlutó a toda la provincia, su recuerdo sigue vivo en la memoria de Quines.
Este 2 de noviembre se cumplen catorce años de la Tragedia de Zanjitas, el doloroso suceso que marcó para siempre a San Luis y que tuvo un fuerte impacto en Quines, donde era oriunda una de las víctimas, la profesora Jésica Sabrina Brancal.
El accidente ocurrió el 2 de noviembre de 2011, cuando un tren de carga de la línea San Martín —entonces operada por la empresa América Latina Logística (ALL)— arrolló un micro escolar en un paso a nivel de la ruta provincial N.º 3, sobre la “Vía Beazley”. La formación, compuesta por 44 vagones cargados con cal y cemento, arrastró al ómnibus por más de 200 metros.
El choque dejó un saldo de ocho fallecidos: seis alumnas de entre 10 y 11 años, una docente y la vicedirectora de la escuela. El grupo viajaba con el propósito de realizar una recorrida solidaria por escuelas rurales y participar de un retiro espiritual.
La valentía de los vecinos que acudieron al rescate de los heridos le valió a Zanjitas el reconocimiento como “Pueblo Heroico”, otorgado en diciembre de ese mismo año.
Entre las víctimas se encontraba Jésica Brancal, joven docente quinense recordada por su compromiso, su sensibilidad y su amor por la enseñanza. Según consignó el diario Clarín en los días posteriores al accidente, “Jésica se tiró encima de las nenas para protegerlas”. Ese gesto, tan heroico como humano, sintetiza su entrega y su vocación.
En agosto de 2021, el pueblo de Quines rindió homenaje a su memoria colocando su nombre en la plazoleta del barrio 53 Viviendas, un espacio dedicado a la niñez, “a esos seres que tanto amó”, según destacó en aquel acto la rectora del Instituto San José, profesora Clides Alvarado.
A catorce años del suceso que enmudeció a una provincia y enlutó a una comunidad, el recuerdo de Jésica Brancal sigue vivo entre quienes compartieron su vida, su vocación y su ejemplo. En cada aula, en cada gesto solidario, en cada niño que aprende, su legado continúa iluminando el camino de la docencia puntana.

















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