Una nueva liberación de cardenales amarillos tendrá lugar en el Parque Nacional Sierras de las Quijadas. Se trata de ejemplares rescatados del tráfico ilegal, cuya procedencia genética fue confirmada en San Luis.
Este martes por la tarde, una emotiva escena volverá a repetirse en tierras puntanas: decenas de cardenales amarillos, una de las aves más emblemáticas del país y en grave peligro de extinción, serán liberados en el Parque Nacional Sierras de las Quijadas, el único de nuestra provincia. La acción es fruto del trabajo conjunto entre la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Aves Argentinas, Fundación Temaikén y la Alianza Cardenal Amarillo.
Los ejemplares que retornan a la libertad habían sido decomisados por Prefectura Naval en Entre Ríos en octubre de 2023, cuando eran transportados de manera ilegal en una camioneta. En total eran 95 aves que iban a ser llevadas al exterior para su comercialización.
De ese grupo, 45 fueron trasladadas a Fundación Temaikén, donde se inició un proceso de rehabilitación integral: controles sanitarios, estudios médicos y una etapa de readaptación comportamental, fundamental para su futura supervivencia en el entorno silvestre.
Los estudios genéticos revelaron que su origen era San Luis, por lo que su liberación debía concretarse aquí. “Este trabajo en conjunto sella una nueva liberación de esta alianza por la conservación del cardenal amarillo”, expresó Rocío Lapido, del Proyecto Cardenal Amarillo de Aves Argentinas.
Cabe recordar que en noviembre del año pasado ya se había concretado una primera liberación de 23 ejemplares en un área protegida del norte provincial. Esta nueva etapa refuerza la esperanza en la recuperación de una especie que hoy cuenta con apenas unos 2.000 ejemplares adultos en estado silvestre, según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
El cardenal amarillo es un ave llamativa por su plumaje y su canto melodioso, pero también muy vulnerable frente al tráfico ilegal y el desmonte del bosque nativo. Que vuelvan a volar sobre territorio puntano no es solo una buena noticia para la biodiversidad, sino también un símbolo del esfuerzo colectivo por reparar un daño silencioso, pero profundo.















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