Sergio y Carla se propusieron un objetivo y con esfuerzo y amor lo están consiguiendo. Eligieron cambiar la ciudad por el pueblo y, a partir de los frutales de los abuelos, siguen la tradición en la fabricación de productos orgánicos.

Sergio y Carla se conocieron en 2012. En ese entonces, vivían en Buenos Aires. Él en Tapiales, ella en Ituzaingó. Cuando empezaron a convivir en esa vida citadina, tuvieron un sueño: cambiar el ruido de la ciudad por un lugar tranquilo y lleno de paz, un lugar que sea perfecto para poder elaborar productos artesanales hechos con sus propias manos.
El lugar que Sergio y Carla imaginaban existía en el norte puntano. En su infancia, Carla había visitado muchas veces Leandro N. Alem, ya que sus abuelos vivían en el lugar. Eso los llevó a tomar la decisión hace cinco años: quedarse a vivir en el pueblo. “Buscábamos la tranquilidad absoluta y este era el lugar indicado”, señala Carla. “Con los frutales de los abuelos seguimos la tradición en la fabricación de dulces artesanales cien por ciento orgánicos”, explica entusiasmada.
“Tenemos árboles de membrillo, durazno, higuera y uvas. En cada temporada aprovechamos al máximo nuestros árboles que tantos frutos nos dan, así que desde que llegamos fabricamos estos productos con mucho amor, ya que tienen un valor personal nuestro”, cuentan mientras muestran orgullosos sus productos.
Y a los dulces, siguió la cerveza artesanal. De esta manera, el año pasado nació PLATNER, la cerveza de Leandro N. Alem.
Sergio aprendió a hacer cerveza artesanal en Buenos Aires en el año 2004, en aquel entonces se dictaban cursos en la Facultad de Agronomia de la UBA. Así que asistía para aprender cada detalle en la fabricación de este producto. “En aquel entonces no había información tan amplia como la que existe hoy, donde la herramienta más grande ante cualquier incertidumbre que uno tenga es Internet”, explica Sergio. “En aquel momento comenzó un gran sueño de proyectar esto y plasmarlo en un lugar tan mágico como es el campo, rodeado de bellísimos paisajes, de árboles, plantas y el olor a hogar, a familia y a sueños”, describe emocionado.
“Ese sueño se transformó en sueño compartido cuando nos conocimos con Carla en el 2012”, agrega.
“Recién estamos comenzando y hemos tenido muy buena repercusión y aceptación del producto. Es una elaboración artesanal donde estamos los dos comprometidos con este proyecto, porque queremos que la gente nos conozca y que pueda degustar este producto de tan buena calidad que seguimos mejorando en cada nuevo aporte de conocimiento para seguir aprendiendo más y superar nuestras expectativas siempre”, señalan los emprendedores.
El nombre PLATNER representa las raíces en la familia por ser el apellido de la abuela de Carla que fabricaba dulces en Leandro N. Alem junto con el abuelo. Y las referencias no terminan allí. Los dulces artesanales se llaman “Los dulces de Barbarita” en honor a la abuela de Carla.
Una lucha diaria
En Buenos Aires, Sergio trabajaba en una metalúrgica y Carla fabricaba junto a sus padres productos de ortopedia.
“Eso fue lo último que hicimos allá. El tema laboral siempre fue complicado allá y acá, pero acá vinimos sin trabajo así que si queríamos quedarnos había que hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance y aún así nos cuesta muchísimo por la situación que atraviesa este país desde hace tiempo”, explica esta pareja que nunca bajó los brazos.
“No tenemos hijos y esa decisión nos permitió quedarnos y sortear varias dificultades económicas”, agregan.
Antes de la pandemia, participaban de ferias locales con los dulces artesanales. Hoy por hoy sólo venden en su casa y hacen delivery en el pueblo. “En las localidades vecinas se combina con aviso previo de los que ya son clientes y siempre se van sumando más por el boca en boca de un conocido y otro y así la gente va sumándose a conocer el producto”, explican.
“Vamos de a poco porque sabemos que el camino es largo y hay mucho por recorrer”, indica la pareja. “De a poco iremos mejorando el espacio para poder ir expandiéndonos en comodidad en cuanto a la fabricación y al equipamiento ya que nuestras producciones son a poca escala en esta etapa”.
Sergio y Carla saben que el camino no es fácil, pero tienen la fuerza para seguir intentándolo cada día. “Claramente tendríamos que producir y vender muchísimo nuestros productos para ver ganancias en esto”, se sinceran. Sergio es colaborador de la empresa de San Luis Agua donde trabaja por la mañana en la delegación de Alem y Carla está desempleada. “Tenemos que seguir intentando todos nuestros objetivos para poder subsistir y llegar a fin de mes, como la mayoría de los argentinos, luchando todos los días para seguir adelante a pesar de todo”, expresan.
Detrás de cada producto realizado por las manos de Sergio y Carla está la magia de la tradición familiar, la emoción del sueño cumplido, el esfuerzo de enarbolar nuevas luchas y, fundamentalmente, mucho amor.

Para mayor información o para adquirir los productos, contactarse al: 266 466-2152


















Facebook
Twitter
Instagram
YouTube
RSS