La localidad celebra este 9 de julio su aniversario fundacional, que como cada año se celebra junto al Día de la Independencia. Acto oficial, desfile cívico-militar, locro popular y peña folklórica marcan una jornada que une el orgullo patrio con la memoria de sus orígenes.
Cada 9 de julio, mientras el país celebra su independencia, Candelaria celebra algo más: el día en que nació. Este miércoles la localidad cumple 156 años, y la fecha no es casualidad ni coincidencia menor: la historia de este pueblo quedó, desde siempre, entrelazada con la de la Patria.
Aunque sus orígenes se remontan a los tiempos de la conquista y colonización del territorio, cuando el Virreinato del Río de la Plata apenas dibujaba sus límites sobre la “travesía” —ese valle árido y rústico entre las sierras de San Luis, Córdoba y La Rioja, salpicado de pequeños oasis de algarrobo—, la fecha que Candelaria eligió como propia es el 9 de julio de 1870, día en que se celebró la primera misa en la flamante capilla levantada en honor a la Virgen de la Candelaria.
Esa historia tiene nombre y apellido: José del Tránsito Ruiz, un vecino que en 1870 trajo desde Chile una pequeña imagen de madera tallada, de unos 60 centímetros, con cabello natural, presumiblemente obra de manos indígenas. La talla era venerada en su propia casa, donde su esposa, Doña Candelaria Miranda, organizaba cada año la novena en la entonces llamada Estancia del Bagual. Por allí pasaban, infaltablemente, los arrieros que iban de San Juan hacia Córdoba, y fue justamente ese paso obligado el que llevó a Ruiz a escribirle al gobernador de entonces, Rufino Lucero y Sosa, para donar sus tierras: una plaza, nueve varas cuadradas de terreno y una capilla de adobe que él mismo pagaría de su bolsillo, con un único pedido: que quedara consagrada a la Virgen de la Candelaria.
El gobierno provincial aceptó la donación, la capilla se terminó en junio de 1870 y, el 9 de julio de ese año, el Vicario Foráneo de San Luis, presbítero Luis Joaquín Tula, celebró la primera misa diaconada. Así nació Candelaria, con una imagen traída de Chile que todavía hoy se conserva en el templo actual, como una verdadera reliquia de fe y de historia. La parroquia dependió primero de San Francisco, luego de Luján, hasta que en 1976 monseñor Juan Rodolfo Laise creó la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, con el padre José Armelín como su primer párroco.
Ciento cincuenta y seis años después, esa misma fecha vuelve a reunir a toda la comunidad. Desde temprano, personal municipal trabajó en los últimos detalles para que vecinos y visitantes puedan disfrutar de una jornada cargada de emoción, identidad y tradición: el armado del palco oficial, el acondicionamiento de los espacios y la logística para recibir a las instituciones que participan del tradicional desfile cívico-militar.
El programa arrancó a las 8:00 con el izamiento de las banderas en la Plaza Patricias Argentinas y en la explanada de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria. A las 9:00 se realizó el solemne Tedeum, seguido de una ofrenda floral en homenaje al fundador de la localidad, José del Tránsito Ruiz, el mismo vecino que, sin saberlo, le dio a Candelaria su nombre, su plaza y su primera capilla. A las 10:00 se trasladó la imagen de la Virgen hasta el palco oficial y desde las 10:10 se desarrolló el Acto Central y el tradicional Desfile Cívico-Militar, con la participación de establecimientos educativos, fuerzas de seguridad, agrupaciones tradicionalistas e instituciones de la comunidad.
La celebración continúa al mediodía en el Club Alianza, donde se comparte el tradicional locro patrio y una gran peña folklórica, con las actuaciones de Los Norteños, Legados, Dalila Quintania, Yiyo y su Banda, Desfasados y Mario Andino y su Grupo, además de las presentaciones del Taller de Danza Municipal, el Ballet Danzarte y el Ballet Alma Folklórica. Desde la organización recordaron que quienes asistan al almuerzo deben llevar reposera, plato y cubiertos, para compartir una jornada pensada como un gran encuentro comunitario.
Entre el humo del locro, la música de la peña y los acordes del himno durante el desfile, Candelaria vuelve a mirar hacia atrás, hacia aquella capilla de adobe y aquella imagen traída de Chile, para seguir celebrando lo que la hizo pueblo: la fe, la tierra donada y la memoria de quienes la fundaron. Ciento cincuenta y seis años después, sigue siendo, cada 9 de julio, una fiesta doble: la de la Patria y la propia.














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