Fue secuestrado en su casa de Luján en septiembre de 1976 y nunca más se supo de él. A 50 años del golpe de Estado, es el único desaparecido registrado en el departamento Ayacucho y la primera víctima de desaparición forzada en la provincia de San Luis.
Este 24 de marzo, al cumplirse 50 años del golpe de Estado y en el marco del Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el departamento Ayacucho vuelve a mirar su propia historia para recordar a Domingo Hildeyardo Chacón, el único desaparecido registrado en el norte puntano durante la última dictadura militar.
Domingo Chacón fue secuestrado el 6 de septiembre de 1976 en su domicilio de Luján, a pocos metros de la comisaría. Tenía 36 años. Aquella mañana, dos hombres vestidos de civil se hicieron pasar por amigos para ingresar a la vivienda, mientras otras personas entraban por la parte trasera. Lo sacaron de la cama, donde se encontraba enfermo, y se lo llevaron. Su hijo Martín, de apenas 5 años, lo vio por última vez cuando lo subían a un automóvil Opel verde y uno de los hombres le apuntaba con un arma.
Con el paso de los años, los testimonios en los juicios por crímenes de lesa humanidad permitieron reconstruir parte de lo ocurrido. Una sobreviviente del terrorismo de Estado, la quinense Mirtha Gladys “Nena” Rosales, declaró haberlo visto días después en la ciudad de San Luis, detenido, maniatado y en muy mal estado como consecuencia de las torturas. Desde entonces, permanece desaparecido.
Domingo Hildeyardo Chacón había nacido en Luján el 17 de septiembre de 1940. Militaba en la Juventud Peronista, integraba el Partido Justicialista, fue Secretario Municipal en Luján durante el gobierno de Elías Adre y también delegado de ISSARA. Además, trabajaba en el tallado de cristales. Su vida estaba ligada al trabajo, la política y su comunidad.
Durante muchos años su nombre fue silencio. Pero con el tiempo su historia comenzó a ocupar el lugar que merece en la memoria colectiva. En abril de 2023, una calle de Luján pasó a llevar su nombre, como un acto de memoria, reconocimiento y reparación histórica.
A 50 años del golpe, su familia y la comunidad siguen esperando respuestas sobre su destino final. Recordarlo hoy es también una forma de mantener viva la memoria y de reafirmar el compromiso de que el terrorismo de Estado no se repita nunca más.

















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