Nacida en el corazón del Barrio Estación de Quines, la academia dirigida por el profesor Emilio Amaya celebra quince años de historia, formación artística y defensa del folklore. Con cientos de bailarines formados y escenarios recorridos en todo el país, se consolidó como una de las instituciones culturales más importantes del norte puntano.
Hay sueños que nacen pequeños, casi en silencio, pero con el tiempo se transforman en algo mucho más grande que la idea que los vio nacer. En Quines, uno de esos sueños cumple hoy 15 años y sigue en movimiento como el primer día. Se trata de La Estación Danza, la academia fundada por el profesor Emilio Amaya el 17 de marzo de 2011 en el corazón del Barrio Estación.
A lo largo de este tiempo, lo que comenzó como un espacio para aprender danzas folklóricas se convirtió en una verdadera escuela cultural por la que pasaron cientos de bailarines de Quines y de toda la región. Muchos de ellos crecieron entre ensayos, festivales y viajes, y algunos incluso terminaron convirtiéndose en profesores.
Para su director, el vínculo con la academia es profundo y visceral.
“La Estación Danza es mi mejor creación, mi gran amor. Mi vida gira en torno a la danza. Yo no imagino mi vida sin La Estación Danza, sin bailar”, expresó Amaya con emoción en diálogo con Norte Puntano.
Aunque nadie puede discutir sus habilidades en el arte de danzar, el propio creador prefiere definirse de otra manera. “Yo me reconozco maestro, no bailarín, porque mi placer es ver el trabajo sobre el escenario”, explicó.
Un proyecto que creció con su gente
La historia de La Estación Danza también es la historia de una comunidad que acompañó desde el primer día. Familias, amigos, alumnos y colaboradores formaron una red que permitió sostener y hacer crecer el proyecto a lo largo de los años.
“Agradezco a todas las personas que me acompañaron desde el primer día hasta hoy. A toda mi gente que colaboró para que La Estación Danza sea esta gran máquina que no para de moverse: mi familia, mis amigos y los bailarines que ponen el cuerpo y lo dan todo”, destacó el director.
Actualmente, la academia cuenta con distintos grupos que van desde la iniciación infantil hasta los ballets juveniles y adultos, consolidándose como uno de los espacios de formación artística más importantes del norte de San Luis.
De Quines a los grandes escenarios del país
El trabajo sostenido de estos años llevó a los bailarines de la academia a recorrer escenarios de todo el país, representando a Quines en algunos de los festivales folklóricos más importantes de la Argentina.
“Hemos visitado todo el país. Bailarines nuestros han ido a Jesús María, a Cosquín, a los festivales más grandes del país”, recordó Amaya.
Ese recorrido convirtió a La Estación Danza en una verdadera embajadora cultural del norte puntano.
Tradición que evoluciona
Para Emilio Amaya, el folklore no es una pieza de museo. Por el contrario, debe evolucionar para mantenerse vivo en las nuevas generaciones.
“Soy un luchador de la evolución de nuestras costumbres y de nuestro folklore, porque si no se torna obsoleto y lo dejan de lado”, reflexionó.
Esa mirada permitió que la academia combine el respeto por la tradición con nuevas formas de interpretación y puesta en escena.
Una fiesta que también organiza el folklore
Además de la formación de bailarines, La Estación Danza también impulsa eventos que ya forman parte del calendario cultural de Quines. Entre ellos se destaca el Encuentro Nacional de Danzas Folklóricas “Quines Danza”, que el año pasado celebró su 11ª edición y reúne a delegaciones de distintas provincias en el Club Unión Quinense.
Allí, cada invierno, el folklore vuelve a reunir a cientos de bailarines y visitantes en una verdadera fiesta popular.
Quince años de danza… y el camino sigue
Quince años después de aquel primer ensayo, el sueño sigue creciendo. En cada zapateo, en cada pollera que gira y en cada escenario donde aparece el nombre de Quines.
Y el propio Emilio Amaya lo resume con la convicción de quien dedicó su vida a este proyecto:
“Sé que es la mejor y la más grande del norte de San Luis”.
Mientras tanto, en su salón del Barrio Estación, seguramente un grupo de chicos vuelve a ensayar una chacarera.
Porque en La Estación Danza, el folklore no se recuerda: se vive y se baila.



















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